a veces necesitamos que alguien nos recuerde cómo eran esos juegos que sabíamos tan bien y luego perdimos entre burocracias (juegos melancólicos) y especulaciones (juegos cínicos). no siempre es posible confiar en la fuerza de ese recuerdo, pero la tarde del domingo en diciembre-después-de-todo es un buen momento para intentarlo. hacer un pacto amistoso, un acuerdo entre nosotros que es también un acuerdo entre las cosas. y tal vez así es como las cosas se aman. y es eso lo que las mueve.
los vecinos de cobra pasan y preguntan: qué es esto? y ahí nos recuerdan que ellos saben mucho más que nosotros. si confiamos en ellos, el favor será retribuido. es gracias a ese pacto que, a pesar de todo, aún no nos han expulsado de la quietud barrial del domingo, una quietud tan necesaria como el movimiento.
en agradecimiento vamos a tunear la cuadra con guirnaldas, tender un puente inesperado entre jardines. y si un muro divide la calle en dos, confiaremos en la fuerza de la guirnalda que atraviesa la piedra. y tal vez sea como en berlin, por donde antes pasaba el muro. o tal vez no, es otra cosa. en todo caso, no se preocupen: sobre la guirnalda pueden pasar las bicicletas. y si un río divide la calle en dos, montamos las bicis en un bote y cruzamos al otro lado. es así cómo hacemos las cosas acá, nos arreglamos con lo que hay. y suele salir bien.
abrazos,
dav